Así como el mundo del fútbol ya activó la cuenta regresiva para el pitido inicial del Mundial de Estados Unidos, en Casa Rosada y en Comodoro Py se cuentan los días --algunos cuentan las horas-- para que Manuel Adorni, finalmente, presente su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. “Es probable” que sea esta semana, decían desde el entorno del jefe de Gabinete ante la consulta Página/12. El dibujo más esperado del año, entonces, vería la luz en simultáneo a que los seleccionados nacionales empiecen a correr detrás de la pelota y los partidos inunden las pantallas, las redes y --lo que más importa al Gobierno-- la conversación pública. En los tribunales federales, mientras tanto, hay otro documento que quema y también se aguarda con ansias. Se trata del informe contable de la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI) con el detalle sobre los inmuebles adquiridos, las deudas y los gastos del vocero, que rondan el millón de dólares en poco más de un año, algo inexplicable para sus ingresos formales. Los “otros” ingresos, por ejemplo las criptomonedas, también se están auditando. Hay sospechas aún no confirmadas de sobresueldos y de lavado. La fiscalía estaría a punto de pedirle que “explique” sus bienes, un trámite que funciona como el paso previo al llamado a indagatoria y a un eventual procesamiento.
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