La operación secreta que derivó en la sorprendente participación de la AFA en la liberación del gendarme Nahuel Gallo en Caracas cayó como un baldazo de agua fría en el Gobierno. Y no es para menos: justo antes de que Javier Milei se presentara ante la Asamblea Legislativa, en la Casa Rosada se enteraron de que Claudio Chiqui Tapia había conseguido lo que no pudo durante 448 días la diplomacia argentina.
Por eso el gobierno mileísta agradeció las gestiones que a favor de Gallo hicieron los gobiernos de Italia y de los Estados Unidos, además de organizaciones no gubernamentales como el Foro Penal, pero no dijo una sola palabra sobre la participación de la AFA.
Pudo haber sido peor: el propio Tapia estuvo a punto de viajar a Caracas, para un acto oficial de la Conmebol, pero la Justicia no lo habilitó el viernes pasado. De acuerdo a fuentes ligadas a la máxima organización del fútbol argentino, para entonces el mandamás ya sabía que a su regreso a Buenos Aires podría traer en su avión al gendarme Gallo.
El puente entre Tapia y el gobierno venezolano lo había establecido el presidente de la Federación de Fútbol del país caribeño, Jorge Giménez Ochoa, de estrechos vínculos con Delcy Rodríguez, la presidenta interina que tomó el mando tras la detención de Nicolás Maduro por parte de la administración de Donald Trump.
Pero el éxito diplomático de la AFA de Tapia podría haberse debido menos a una virtud que se le desconocía a Tapia, que a una última trastada del gobierno bolivariano que, evidentemente, no quería entregar a Gallo en manos de Patricia Bullrich -bajo cuya gestión en Seguridad fue detenido el gendarme en Venezuela- ni tampoco de Milei.
Por eso encontraron un atajo con aroma a chicana política: entregar a Gallo a un “puente humanitario” que tendió la AFA, aprovechando que había una delegación de la entidad en Caracas, integrada por dos hombres de estricta confianza de Tapia, Luciano Nakis, el “secanucas”; y Fernando Isla Casares, alias “el gaucho”.
Completa por acá.
















