Parecía que lo había dado todo.
El rostro mostraba todo el cansancio en sus 80 años donde lideró con responsabilidad de su rol histórico, consciente de que no era una victoria o una derrota más en un mundo desorientado. Ya sin voz anunciando que iba hablar poco por ese cansancio y la afonía. Pero tiró el resto: el rol de los jóvenes y las mujeres en la construcción de políticas de estado, el mundo digital entre la regulación y la militancia, un Brasil que no se resignó a ser patio trasero de nadie, que no quiere ser un país periférico, la confianza en la creatividad en la productividad del pueblo y la promesa de este cuarto mandato presidencial va a ser el mejor de todos.
Apoyado en la baranda del escenario y no encerrado sólo a un triunfo histórico habló del presente y del futuro. Y mañana recién cumple sus primeros 81 años.



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